CUENTOS POR CALLEJAS

Hay base en la realidad y/o en la ficción en todo cuanto opino y/o narro.

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sábado, 20 de noviembre de 2010

POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA (FINAL)







Dicen que las comparaciones son odiosas. No lo creo así. Las comparaciones sirven para analizar aciertos y errores y sacar conclusiones.

El caso de la política exterior francesa me parece paradigmático, ejemplo para nuestros políticos y, comparativamente, vergüenza para nosotros.

Francia ha mostrado astucia, finura, decisión e inteligencia. Unos modelos que la han llevado siempre al logro de sus objetivos; yo diría que con champaña y sonrisas. Por algo el idioma francés ha sido la lengua de la diplomacia durante mucho tiempo.

No repasaremos la historia de Francia desde el inicio de la Era Moderna. Fijémonos sólo en lo sucedido desde la II Guerra Mundial. Nuestros vecinos fueron rápidamente invadidos por el ejército alemán y la reacción de la población resultó más bien pasiva. Una parte importante de los franceses simpatizaban con la ideología nazi. El Gobierno de Vichy colaboró en gran medida con el III Reich y lo demuestran los 100000 judíos franceses entregados por la policía gala a la Gestapo. Un amplio sector de la población colaboró descaradamente con el régimen nazi.

Pero he aquí que nació un movimiento de resistencia contra la ocupación alemana y fue obra de los exiliados españoles. Dicho movimiento fue iniciado y mantenido en su mayor parte por aquellos republicanos españoles que, pese al mal trato recibido en Francia, no dudaron en combatir a las fuerzas alemanas.

Algunos franceses, avergonzados por el ejemplo dado por aquellos valientes, se unieron a la Resistencia y, naturalmente, se atribuyeron el mérito de plantarle cara a los nazis. Con posterioridad, los historiadores y medios de comunicación galos hicieron lo posible por ocultar estos hechos y propagar la idea de que la Resistencia en Francia fue obra heroica de los propios franceses. Con esto trataban de justificarse ante sus aliados americanos y británicos.

Acabada la contienda, Francia consiguió una zona de ocupación en Alemania, que indudablemente no merecía. Aun con la oposición de Stalin, Churchill logró que así se hiciese. Ya temía bastante a De Gaulle.

Pero ahora viene lo bueno. Aunque contaba con uno de los partidos comunistas más numerosos de Europa, o precisamente por eso, recibió Francia una enorme ayuda económica de USA encuadrada en el Plan Marshall. En un momento dado, el Gobierno francés exigió que ello se materializase con el valor tangible del oro, de modo que de Fort Knox hubo que sacar una buena cantidad de lingotes del preciado metal con destino a tierras francesas. Si esto no merece aplausos para nuestros vecinos, que alguien me lo diga.

Después, durante la Presidencia del General De Gaulle, su Gobierno ordenó que se desmantelaran las bases militares norteamericanas en Francia. Aquello provocó furiosas protestas de Estados Unidos pero éstos cedieron ante las demandas gálicas.

La República franca siguió recibiendo sustanciosos créditos estadounidenses y se hizo respetar. ¿Hay alguien que lo haga mejor?

Quitémonos el sombrero, o la boina, ante los políticos que hay al otro lado de los Pirineos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA (IV)




Entramos en el siglo XX. España dejó de ser una potencia colonial. Perdimos mucho del reparto de África en la Conferencia de Berlín de 1878. Otra vez por nuestros incompetentes políticos, pero en esta ocasión acabó siendo ventajoso, librándonos de las guerras coloniales habidas después de 1945. Nos quedó, eso sí, el asunto de Marruecos, que tanta sangre y dinero costó al país.

Un punto a favor: España se ahorró la Primera Guerra Mundial, lo cual derivó en buenos negocios para comerciar con los países en conflicto. Capítulo interesante fue la creación de la Oficina Pro Cautivos. Estupenda y magnífica iniciativa del Rey Alfonso XIII, cuya labor sirvió para localizar cientos de miles de prisioneros de ambos bandos y también salvar miles de vidas. Una obra que duró hasta 1922. Pero fue cosa personal del Monarca y costeada con su pecunio.

Terminada nuestra terrible Guerra Civil, el Gobierno de Franco estuvo a un milímetro de entrar en la Segunda  Guerra Mundial. España se libró, mas su prestigio quedó malparado al finalizar la conflagración por haber "coqueteado" con nazifascistas. Además del envío de la División Azul como contribución a la causa nazi.

Hago ahora un inciso sobre la mencionada Guerra Civil. De todas las torpezas que se pudieron cometer, considero que hay que destacar la entrega a la Unión Soviética de 570 toneladas de oro del Banco de España, que ordenó el Ejecutivo de Juan Negrín.
Curiosa transacción aquella que  efectuó el pago para unas remesas que en su mayor parte no se realizaron por causa de las vicisitudes bélicas. No obstante, pienso que una vez más nuestros políticos hicieron gala de nuestro espíritu quijotesco.

Pasando por alto otras cosas sucedidas en la dictadura de Franco, fijémonos en el lamentable caso de la cesión a Marruecos del territorio del Sahara Occidental. España defraudó a los saharauis con aquella estúpida entrega y quedó en mal lugar con numerosos países árabes que apoyaban la independencia de aquel territorio africano.
Marruecos se regocijó con la debilidad de nuestro Gobierno y posteriormente le "dio las gracias" al Estado español con la larga prohibición de pescar en sus costas, incluidas las saharianas.

En la actualidad sólo somos un satélite de Estados Unidos, con categoría de segunda división.

Para llorar, créanme.

domingo, 17 de octubre de 2010

POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA (III)



Decíamos en el capítulo anterior que el siglo XIX fue nefasto para la política exterior española. No vamos a hablar de la independencia de los países americanos porque eso era inevitable, es una constante histórica. Sin embargo, hubiese sido deseable que España y los países independizados hubieran formado un bloque de proyectos comunes que nos habrían convertido en una fuerza de enorme peso en el mundo. Lo que deseaba Simón Bolívar, como ya se dijo.

Como esto es sólo un repaso sobre los hechos acaecidos en los tiempos modernos no vamos a hablar con detalle de todas y cada una de las estupideces de nuestros dirigentes. Por supuesto, de la política interior mejor no hablar. Hubo una firme intención de autodestruirnos, como dijo Von Bismarck, pero no lo conseguimos.

Pero sigamos con lo nuestro. Tal vez en la historia de las naciones europeas no haya algo tan extraordinario, insólito, absurdo, necio y degradante para nuestra autoestima como la conquista de un país para regalárselo a otro. ¿Increíble? Pues eso fue lo que sucedió en 1858 cuando un ejército español con base en Filipinas y comandado por el coronel Palanca inició la conquista de Indochina a petición del gobierno francés que no podía con su escaso número de tropas en el Sudeste asiático emprender la conquista de los territorios que hoy constituye la zona meridional de Vietnam, al Sur de Camboya. Los aguerridos soldados españoles, acostumbrados al terrible clima de los trópicos y al combate en la jungla solucionaron el problema a los franceses. Resultado: el botín de guerra se lo quedó el ejército francés. El territorio regado con sangre española pasó a ser posesión francesa. España no recibió nada, absolutamente nada de aquella gloriosa aventura de la que nuestros políticos no sacaron ventaja alguna con total desprecio de la heroicidad de los soldados españoles. Es tristemente irónico que un siglo después españoles de la Legión Extranjera de Francia defendieran con sus vidas la base de Dien Bien Fu. Como dijo Blasco Ibáñez: "No hay lugar en el mundo donde no haya una tumba española".

Cuando se reflexiona ante tanta torpeza hay que preguntarse si es pura imbecilidad o existe una extraña faceta psicológica que no soy capaz de distinguir. Lástima que el eminente psiquiatra y escritor Juan Antonio Vallejo-Nágera no esté ya entre nosotros porque su aguda pespicacia habría dado alguna explicación a tanto disparate. Me inclino a pensar, por otra parte, que las traiciones de los masones españoles estaban condicionados por sus ideales que, sabiamente dirigidos por los jerarcas británicos los inducían a unas acciones execrables pero que aquéllos creían nobles. Algo así como un fanatismo filosófico. 

Pero, ¿y todo lo demás? Porque no creo que toda la política exterior española estuviese manipulada por la masonería. Buena oportunidad para un trabajo de investigación que está por realizar. A lo mejor sí que hay alguno por ahí que está oculto para la mayoría de la gente.

En el próximo capítulo entraremos en el siglo XX, que también tiene tela para cortar.

domingo, 10 de octubre de 2010

POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA (II)



Hablábamos en la entrega anterior de las burradas que configuraron la política exterior española desde Carlos I hasta nuestros días. Esto merecería un extenso ensayo que tuviese rigor científico, pero lo que pretendo ahora es un repaso somero acerca de nuestra Historia más cercana y será suficiente para que los dientes rechinen o nos tiremos de los cabellos si no estamos calvos.

Finales del siglo XVIII. Las gestiones del tipo aquel , de apellido Godoy, puso a España del lado de Napoleón porque empezaba a ser el peso pesado de Europa. Así que vamos a darle una buena soba a Inglaterra, nuestra más fiel enemiga.

Dicho y hecho. La inexperta flota francesa y el más inexperto Almirante Villeneuve comandando a la flota española y a nuestros excelentes marinos, entre ellos Churruca y Gravina.
Resultado: el desastre de Trafalgar.

Segundo episodio. El permiso para que las tropas francesas pudiesen atravesar el territorio español para atacar a Portugal.

Me pregunto cuánto odio acumularon los portugueses contra España desde entonces. La política española de buena vecindad fue una traición. Como fue también una traición que el ejército francés se convirtiese en ocupante en vez de aliado. Y se lió el dos de mayo. Otra vez vuelta atrás con las fichas. Ahora Inglaterra es aliada de España y los soldados de Wellington campan por la Península Ibérica.
Cuando la aventura napoleónica terminó, todos los países que lucharon contra Francia sacaron sustanciosas ventajas para ellos...menos España. ¿Actuaban ya los inefables masones españoles? Probablemente. Después tuvieron buenas oportunidades para apuñalar a España en beneficio de otras naciones.

"Si los masones ingleses se hubiesen portado con su país como los masones hispanos hicieron con el propio, los habría ahorcado a todos", dijo Winston Churchill, quien sabía un rato de Historia.

Seguiremos hablando en la siguiente entrega.

sábado, 18 de septiembre de 2010

POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA (I)


Oí decir a una muchacha extranjera que una de las cosas que le sorprendían de nuestro país era que nos tomábamos la política como si España hubiese nacido ayer, al igual que esos países que recién alcanzada la independencia inician sus quehaceres políticos con el entusiasmo y, a veces, la torpeza de los novatos.

La cosa da para reflexionar. Es el nuestro uno de los países más viejos de Europa, con una historia apasionante, cuna de un pueblo extraordinario, de héroes, sabios, santos y navegantes. Pero también cantera de los dirigentes políticos más necios e incompetentes que los tiempos puedan contemplar.

Y no voy a hablar de los reyes godos o de la Edad Media, con todo lo que eso tenga de aleccionador. España nació verdaderamente como potencia europea con los Reyes Católicos. Buena cabeza sería la de Fernando de Aragón cuando Maquiavelo lo ensalzó en sus escritos como estadista inteligente y sagaz.

Espero que los esqueletos de mis profesores de Bachillerato no se remuevan en sus tumbas pero Carlos I(o V, como se empeñan aún en nombrarlo) y Felipe II no eran lumbreras precisamente. No les cuento sus hazañas, que para eso está la Historia. De los demás reyes que los sucedieron ¿para qué hablar?
Sólo durante el brevísimo reinado del borbónico Luis I pareció vislumbrarse un cambio en la política española, pero los menos de ocho meses de su reinado no dieron lugar a cumplir con las expectativas que se buscaban. Carlos III fue un paréntesis en nuestra historia del siglo XVIII. Quiso modernizar España y aun puso a cavilar a Inglaterra con aquello de las exploraciones hispánicas de la Columbia(Británica) y el asentamiento en Alaska.

Después, la cuesta abajo con Carlos IV y el funesto reinado de Fernando VII, seguramente el peor de nuestros monarcas. Con el siglo XIX los batacazos se sucedieron ininterrumpidamente y entramos en el siglo XX con la rémora de lo sucedido en la anterior centuria.

Así que hasta 1975 tuvimos una monarquía, una república, una guerra civil, una dictadura y, otra vez, monarquía. ¿Alguien da más?

Decía Cervantes que "la Historia era maestra de la vida". Nuestros políticos actuales no parecen haberse aprendido la asignatura.

En la próxima entrega hablaremos de eso.




domingo, 5 de septiembre de 2010

LA FRONTERA USA-MÉXICO


Tres mil trescientos veintiséis kilómetros separan los Estados Unidos de Norteamérica de México. Sólo que la denominación "Estados Unidos" es la única semejanza que tienen ambos países. En lo demás, las diferencias son gigantescas, como esa larguísima frontera desde el Río Grande.

El señor Obama, siguiendo fielmente la política de su predecesor el señor Bush, está recalcando la necesidad de controlar la frontera Sur por si se cuelan los terroristas. Pues se cuelan los narcotraficantes, ya ven, que seguramente para el Gobierno usamericano  son chicos traviesos en comparación con los "terribles terroristas musulmanes".

Así que incluso están construyendo muros en la línea fronteriza que en el futuro será como la Gran Muralla China.
Pero preguntémonos, ¿no es acaso la frontera con Canadá mucho más larga que la de México? Porque a Canadá pueden llegar tranquilamente ciudadanos con pasaporte británico y de religión islámica. De Canadá a USA sí que se cruzan diariamente miles y miles de personas en los dos sentidos. Y no van a levantar una muralla  desde el Atlántico hasta el Pacífico.

Entonces, ¿qué subyace en ese empeño de controlar a los mexicanos?
Para nosotros los españoles es difícilmente comprensible la mentalidad anglosajona. En Norteamérica la mayoría de la clase dirigente y gran parte de la población son WASP(White, Anglo-Saxon, Protestant). Para esa gente los demás están por debajo de su casta social y racial. Además de los afroamericanos y amerindios se incluyen judíos, orientales y "dagos" para los hispanos que viven en EEUU. Ser católico es también un punto negativo.

Con esa mentalidad se construyó aquel país. Recuerdo que en mi mocedad contemplaba los disturbios entre negros y blancos en los estados sureños. Era la época de Martin Luther King.
A partir de aquel momento las personas de raza negra empezaron a ser ciudadanos de pleno derecho. Pero el racismo sigue existiendo en la mente de muchos blancos. Ya no se discrimina a los "colored" de forma abierta pero el rechazo racial continúa latente. Y ya que en su país aceptan la existencia de "razas inferiores", no están dispuestos a que ese número se incremente. Ése es el "problema" con los inmigrantes mexicanos.

Siempre hubo rechazo, cuando no odio, hacia los indios norteamericanos, reducidos éstos a mínimos demográficos. Y "debidamente" encerrados en sus reservas no suponen un quebradero de cabeza desde finales del siglo XIX.

Mas lo que no pueden admitir es que a través de Río Grande se introduzca una ilimitada cantidad de mexicanosque, como todos saben, son mayoritariamente mestizos. Ello es algo que los molesta sobremanera, ya que si el indio es despreciable, el mestizo es "repugnante" por lo que supone de degradación del blanco al unirse a alguien "inferior". Además son católicos. Intolerable.

El ilustre historiador británico Arnold J. Toynbee decía que la colonización española en América, pese a errores cometidos, fue infinitamente superior a la anglosajona por aquello del mestizaje. Aseguraba que el 85% de la población mexicana era/es mestiza y eso daba lugar a una ausencia de enfrentamientos raciales en los países hispanos, y que esa(s) mezcla(s) es/son condición necesaria para el futuro del mundo.

Que todo esto lo dijese un inglés como el señor Toynbee es realmente extraordinario, pero fue fruto de sus profundos estudios y conocimientos tanto históricos como antropológicos.

lunes, 30 de agosto de 2010

LAS MIL Y UNA CENAS




Llevaba muchos años de matrimonio. Supongo que demasiados.
 Empiezan a ser demasiados cuando los defectos de la pareja comienzan a ser insufribles. Al principio, las pequeñas faltas son cosas que consideramos superficiales y pensamos que, con el tiempo, serán  corregidas o, al menos, reemplazadas. Pensamos, ingenuamente, que nuestra personalidad se impondrá sobre la otra y que encauzaremos por los rectos caminos de la cultura, los buenos modales, el buen gusto y todo lo que hace a una persona encantadora y elegante. Sobre todo, si es una mujer.

Así que yo me creí un Pigmalión y que lo que yo tenía por facetas vulgares de mi guapa esposa serían corregidas por mis sabios consejos en el transcurso del tiempo.
Pero como decía mi abuela materna, los años no mejoran a las personas(y no se refería al aspecto físico, claro) sino que los defectos se incrementan y retuercen como los troncos de esos olivos viejísimos que parecen doblarse por el paso de los siglos.

La verdad, ya estaba harto de oírle decir estupideces, de su resistencia a leer buenos libros, de su afición al chismorreo con sus amigas y vecinas, de sus sonoros pedos cuando ella creía que yo no la oía, y de esos horribles cilindros en el pelo cuando se levantaba por las mañanas.

Bueno, no quiero enrollarme con estas disquisiciones y salirme del tema principal. El caso es que decidí eliminarla. Quiero decir asesinarla, cosa que algunos maridos por ahí desearían hacer pero no pueden. Porque matar no es difícil sino hacerlo de tal forma que no encuentren el cadáver y montarse una perfecta coartada. Yo llegué a elaborar un  plan que era intachable, infalible. No puedo decirlo, lo siento, pues entrar en esos detalles sería inmoral, por despertar en otros un oculto deseo que podría convertirse en irrefrenable.

Mi esposa era lista. Con esa intuición que las mujeres tienen más desarrollada que los hombres empezó a mirarme de reojo y a quedarse observándome con el ceño fruncido, cuando sentados frente al televisor soportaba uno de sus deplorables programas de marujas.

Pasaron un par de semanas. Elaborado mi genial proyecto, estaba dispuesto a llevarlo a cabo. La noche en que pensaba liquidarla salía de la cocina un extraño pero agradable olor, como el de esos restaurantes de lujo, donde los efluvios de las viandas impregnan el ambiente.

Yo veía la tele sentado en mi butaca favorita. Ella entró sigilosamente y , plantándose ante mí con sus manos atrás, me dijo:

"Tengo una sorpresa para ti, querido." Y pasando lentamente una mano hacia delante me mostró una pequeña bandeja sobre la que reposaban unos canelones humeantes y dorados.

"Pruébalos. Te gustarán. Celebrarás mis cursos de cocina."

No pude resistirme. Me senté a la mesa y degusté los canelones.
De postre, unas exquisitas fresas de Huelva y todo fue acompañado de un vino de la zona que yo desconocía.

"Mañana tendrás otra sorpresa que te gustará aún más". Aquello me dejó intrigado y decidí aplazar mi plan asesino. Soy proclive a los placeres gastronómicos y no quedé defraudado.

En días sucesivos, cada noche resultó sorprendente. Delicias de todas clases aparecían ante mí. Noche tras noche saboreé pescados fritos como se hacen en Andalucía, hermosos chuletones de Ávila, arroces valencianos, escudellas catalanas, merluzas y bacalaos vizcaínos, pescados de Galicia preparados de muy diversas formas. Luego, ella me dijo que cada región española tenía tan amplia variedad de platos que nunca llegaría nadie a conocerlos todos.

Pero yo decidí que sí sería capaz y me introduje en el campo de la fabada asturiana, los garbanzos manchegos, y un montón de cosas más. La casi infinita variedad de quesos españoles fue otro descubrimiento para mí.

A todo esto añádanse los vinos tan variados de otras partes. Desde los alegres y olorosos de Jerez y Montilla hasta los riquísimos tintos riojanos, pasando por otros muchos de cada región. Diría yo de cada provincia, ya que algunos caldos eran de poca cosecha y no tenían ni marca; sólo eran de consumo local.

Hablar de gastronomía española sería interminable. Por algo, los invasores franceses del ejército napoleónico robaban recetas. Entre otras cosas, claro.

Así pasaron mil y un días, mejor dicho, mil y una noches, y mis intenciones criminales se diluyeron entre platos, vinos y postres.

Engordé cincuenta kilos, el hígado empezó a resentirse y el colesterol subió como el cava catalán. En esas condiciones no sentía yo otro deseo que no fuese el de esperar a la noche siguiente, con la sonrisa de mi mujer, que me pareció un poco burlona. Aunque no me importaba.

"Muera Marta pero muera harta". Eso decía mi abuela con mucha razón.

lunes, 23 de agosto de 2010

LOS NAZIS EN ESPAÑA



Comenzaba el año 1943 y las cosas para el III Reich empezaban a complicarse. El Führer Adolf Hitler había llegado a la conclusión de que era imprescindible la colaboración de España para poder dominar desde la península el extremo sur de Europa y, especialmente, la entrada al Mediterráneo.
                                                                                                                                                              Hitler envió a su representante para entregar a Franco la petición formal para la entrada de tropas alemanas a España con la promesa de entregarle la plaza de Gibraltar una vez concluida la guerra. También prometía su colaboración para terminar con las guerrillas antifranquistas que se repartían en diversos lugares de la geografía española. Asimismo ofrecía para el gobierno de Franco los territorios del Magreb bajo dominio francés desde Túnez hasta Marruecos, este último totalmente.          
                                                                                                                                                                   El general Franco era renuente a este plan. Sin embargo, muchos militares eran partidarios de la entrada de España en la guerra a favor de Alemania, especialmente el cuñado del Generalísimo, Ramón Serrano Súñer.
                                                                                                                                                          Cuando el enviado del Führer se entrevistó con Franco le hizo saber lo conveniente que era ceder a las peticiones de Hitler, pues las divisiones alemanas estacionadas tras los Pirineos y preparadas para entrar en territorio español podrían penetrar de todos modos, ya que las fuerzas del ejército franquista eran débiles en armamento y su oposición sería inútil. Mejor colaborar por las buenas con el III Reich que verse abocado a una resistencia inútil en una España tan exhausta aún a causa de la guerra civil.  
                                                                                                                                                                 Así que en los últimos días de enero las tropas motorizadas alemanas atravesaron los Pirineos y rápidamente se desplazaron por toda la costa mediterránea y la del Cantábrico para defenderse de los ataques aliados en un país de tantos kilómetros costeros que lo hacían casi una isla.  
                                                                                                                                                                 En cuanto a Portugal sólo le pidieron el uso de los puertos y el dictador Oliveira Salazar, claramente pronazi, accedió a ello.        
                                                                                                                                                                     Pasaron varios meses. El ejército alemán había tomado las posiciones adecuadas y se preparaba concienzudamente para el asalto a Gibraltar. Por otra parte, tropas de montaña especializadas exterminaron prácticamente los núcleos guerrilleros que todavía quedaban en el país.  
                                                                                                                                                      Entretanto, las SS deambulaban por el territorio español examinando con precisión germánica la multitud de archivos y documentos antiguos que se iban encontrando en posesión de la Iglesia y los organismos civiles.


      Sin decir nada a nadie, las SS decidieron hacer una limpieza étnica en España, como ya habían hecho en los países ocupados de Europa. Había una considerable herencia judía en España. Calculaban que cerca del 30% de los españoles tenían sangre judía; tal vez el 25% , pero era igual. Una gran labor "civilizadora" se ofrecía ante las SS.              
                                                                                                                                                                              Pese a las protestas del gobierno español, comenzaron a hacerse detenciones. Las primeras fueron a miembros de la aristocracia. Los eruditos de las SS sabían que al menos el 80% de la nobleza hispánica estaba contaminada con sangre judía. En efecto, desde los albores de la Edad Moderna numerosas familias de judíos ricos se emparentaron por matrimonio con nobles españoles, que, siempre ávidos de dinero, accedieron al negocio. Después, y con el cruce con otros que anteriormente habían casado con judíos conversos y adinerados, la sangre judía se extendió considerablemente entre la aristocracia española. Esto fue un caso insólito en Europa, y los de las SS estaban dispuestos a terminar con ello.
                                                                                                                                                                  En un almacén agrícola de la provincia de Toledo fueron confinados cincuenta y tres miembros de la nobleza española. No estaban todos, desde luego, pero las SS confiaban en reunir un número mayor en semanas sucesivas.        
                                                                                                                                                                   El grupo detenido en Toledo no salía de su asombro. No comprendían que los alemanes los persiguiesen y detuvieran como pasó en el bando republicano durante la mal llamada guerra civil. Sabían que los nobles de Alemania habían sido respetados e incluso algunos ocupaban cargos en el III Reich. ¿Por qué ellos, los españoles, iban a ser discriminados sin más?          
                                                                                                                                                                   El coronel Konrad Zimmer, acompañado de dos oficiales, entró en la nave donde estaban los detenidos procedentes de varias familias españolas. Llevaban allí tres días y se acostaban sobre sacos vacíos, esperando que aquella situación absurda se resolviese rápidamente. Habían protestado vehementemente cuando los soldados de las SS los sacaron de sus casas , palacios, cortijos y cotos de caza. Pero no recibieron explicación de ningún género.    
                                                                                                                                                                   El Marqués de Litines era el más joven del grupo que allí se encontraba. Cuando vio entrar al coronel Zimmer se incorporó y se colocó en medio de la nave.  
                                                                                                                                                                     - Coronel, esto es intolerable. Nos han sacado a empujones de nuestros domicilios y llevamos tres días encarcelados aquí. Exijo  una inmediata explicación.  
                                                                                                                                                                  El coronel Zimmer se servía como intérprete de uno de los dos oficiales que entraron con él. El coronel, con las piernas abiertas y los brazos en jarra, dijo unas palabras al intérprete y éste repitió en voz muy alta:  

           -Herr Coronel dice que están ustedes detenidos por su condición de judíos.
                                                                                                                                                                 Un murmullo de asombro se levantó entre los detenidos. Alguno, hasta se atrevió a emitir una carcajada sarcástica.    
                                                                                                                                                                        - ¡Esto es ridículo!-gritó el Marqués de Litines. -No conozco a ningún judío entre mis amistades y doy mi palabra de honor de que no hay ninguno entre la aristocracia española. Esto es una confusión y un atropello.

   El coronel sonrió burlonamente y dijo:  
                                                                                                                                                                    - Tenemos razones para saber lo que ustedes son. No actuamos a ciegas, sino con base científica. Hemos abierto expediente a cada uno de ustedes basándonos en documentos auténticos.
                                                                                                                                                                     - Pues habrán comprobado que somos católicos desde siempre.                                                                  
                                                                                                                                                                    - No desde siempre-añadió el coronel.-Además, no nos interesa la cuestión religiosa. Lo que nos importa es limpiar de sangre judía este país. El pueblo español nos lo agradecerá, y el mundo también, cuando comprendan la grandeza de nuestra labor. En la época de la Inquisición se perseguía a los judíos por su religión. Nosotros lo hacemos por la raza.                                                                                                        
                                                                                                                                                                     - ¡Esto es falso!-gritó el marqués.-No he leído nunca que mi familia tuviese sangre judía. Los nobles tenemos limpieza de sangre.      
                                                                                                                                                                             - Dudo que usted haya leído nada.-respondió el coronel. Sabemos que la nobleza española ha sido analfabeta. Son ustedes más ignorantes que los braceros que trabajaban sus tierras. Pero le ampliaré mi información. Un escritor español del siglo xvii, Luis Vélez de Guevara, ya publicó una acusación del contubernio entre judíos ricos y la nobleza. Conversos o no, se introdujeron en su casta.      
                                                                                                                                                                     - ¡No somos analfabetos y nuestras cédulas de nobleza las conservamos desde tiempos antiguos!-gritó el Marqués de Litines.    
                                                                                                                                                                     - Seguramente sean analfabetos funcionales, que para el caso es lo mismo.

                                                                                                                                                                                        
- ¿Funcionales? ¿Qué es eso?- volvió a gritar el marqués.                                                                                                                                                                            
                                                                                                                                                                        - Da lo mismo y no voy a dar más explicaciones- concluyó el coronel Zimmer, dando media vuelta y saliendo del local.      
                                                                                                                                                                                    Los prisioneros quedaron aturdidos y discutiendo entre ellos, alegando cada uno la pureza de su estirpe y la injusticia que estaban sufriendo.    
                                                                                                                                                                  Al día siguiente se ordenó a los prisioneros que cavasen una larga zanja en un extremo del campo donde estaba el almacén agrícola. El trabajo era duro para aquellos hombres, no acostumbrados a semejantes labores. Alguno se atrevió a pedir que viniesen sus criados para hacer su trabajo, y los soldados de las SS respondieron con risas y burlándose de la torpeza de aquellos prisioneros que no eran capaces de manejar picos y palas.          
                                                                                                                                                          Veinticuatro horas después, cincuenta y tres cuerpos yacían en la fosa. Satisfecho, el Coronel Zimmer siguió su trabajo de búsqueda y captura. Un buen número de gitanos se añadió a la lista. Era más difícil con los ciudadanos corrientes, porque al no existir judíos practicantes de su religión, la investigación resultaba mucho más lenta para poderlos inculpar. Konrad Zimmer siguió con su trabajo lleno de entusiasmo en un país tan peculiar como España, donde los judíos se habían mimetizado durante siglos.    
                                               
 Terminada la guerra, el Coronel Zimmer huyó a la Argentina como tantos de sus colegas desde 1945.  
                                                                                                                                                  Curiosamente, allí encontró numerosos representantes de la nobleza española que habían escapado de las garras de las SS.  
                                                                                                                 
                           
 El Coronel pensó que los dioses le ofrecían la posibilidad de proseguir su trabajo en América.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

domingo, 1 de agosto de 2010

ECONOMÍA Y ESPERANZA




Ahora que ya no puedo trabajar me dedico al estimulante ejercicio de la reflexión. Esto de pensar proporciona momentos de lucidez y también de inquietud. Con lo bien que transcurría la vida con la rutina del trabajo, las emociones del fútbol y las diversiones del sexo... Lo del trabajo se ha puesto feo y a los españoles nos queda el opio del balompié que hubiese criticado Lenin por alienar este deporte a las masas.

martes, 13 de julio de 2010

OPULENCIA Y MISERIA


De amigos de la infancia suelen resultar amigos de juventud y, tal vez, amigos para toda la vida. Sobre todo cuando las diversiones juveniles nos hacen confraternizar con aquellos que se convierten en compañeros de aventuras, incluso aunque puedan convertirse en competidores por una chica que a varios de nosotros nos gusta.
 El caso es que Joseph Smith era uno de los compañeros de distracciones que tuve en mis años mozos, y que posteriormente siguió siéndolo, cuando disfrutábamos de cierta prosperidad que nos permitía algunas salidas y francachelas a las que podíamos acceder por nuestra relativamente buena situación económica.

El tal Joseph Smith era un inglés afincado en nuestra ciudad desde su niñez. Su padre había sido funcionario del Gobierno británico en India, y en 1947 cuando se declaró la independencia de ese país, regresó a Inglaterra con su esposa y dos hijos. Poco después vino a España y decidió quedarse como representante de una firma comercial británica. Así que Joseph pasó a llamarse Pepe entre sus compañeros de colegio y llegó a dominar el castellano a la perfección, aunque con un marcado acento andaluz que resultaba gracioso cuando, tras oírle hablar en un inglés con fino acento de Oxford, charlaba con nosotros de forma tan castiza que nadie le habría tomado por extranjero. Era un chico simpático y rumboso. Por aquí lo de rumboso equivalía a generoso, o sea, que gustaba de invitar a sus amigos cuando se presentaba la ocasión.

 En una de esas ocasiones nos invitó a cenar en un hotel de Sierra Nevada, la de aquí, claro, no la de Estados Unidos. Cuatro amigos le acompañábamos y viajamos en dos coches hasta el alojamiento donde tendría lugar la fiesta de su cumpleaños. Estábamos a comienzos de la primavera, mas aún nevaba en las montañas y el frío era considerable.

El restaurante de aquel hotel tenía unos amplios ventanales que permitían ver el paisaje nevado mientras caían los copos de nieve a pocos centímetros de nosotros, pues había elegido unas mesa pegada a una de las ventanas.

 -¡Qué agradable vista admiramos desde aquí!¿Verdad, chicos?-dijo Pepe.

-¡Oh!¡Sí! ¡Estupenda!-contestamos al unísono, contentos de estar a resguardo del frío mientras en el exterior oscurecía. Al cabo de un rato, ya sueltas las lenguas por el abundante vino y la excelente comida, la conversación se animaba y el ambiente entre nosotros era de lo más alegre.

 De pronto, uno de los comensales, Antonio, exclamó señalando hacia el ventanal.

- "Eh, mirad ahí. Un hombre nos observa".

 Volvimos nuestras cabezas y llenos de asombro vimos a un individuo con aspecto de mendigo, arrodillado en la nieve al tiempo que pegaba su nariz con las manos abiertas sobre el cristal helado. Pepe Smith abrió mucho los ojos y dijo levantando la copa:

 -Brindo por ti, buen hombre. Tu presencia me llena de placer.

 Y tomando un muslo de pollo en una mano y la copa de vino en la otra los elevó ante el visitante, quien abrió la boca como si el cristal no fuese una barrera infranqueable. Nos quedamos mudos sin saber qué decir. Para nuestro asombro apareció otro mendigo, más viejo y con el pelo cano. También por este nuevo "amigo" Pepe levantó la copa y el trozo de pollo para repetir el brindis.

 -¿Veis, compañeros? El placer de disfrutar estos instantes se ve incrementado por el contraste de observar a estos hombres hambrientos y temblorosos de frío. Bebamos y comamos, amigos míos. Los dioses nos hacen gozar de este privilegio.

 De pronto, todos nos pusimos a hablar al mismo tiempo. Uno de los comensales dijo que  si no sería mejor que los invitásemos a entrar, y compartiésemos nuestros manjares con aquellos dos desdichados hombres.

 -El hotel no permitirá que entren aquí-dijo Smith.

 -¡Pues llevémosles algo de comer, puñetas!-gritó otro. -No vamos a seguir aquí tan tranquilos mientras abren la boca detrás de la ventana.

 -Os equivocáis, queridos amigos. La exquisitez del espectáculo es precisamente esto: nuestro disfrute frente a la miseria que observamos.

 Unos nos pusimos a protestar y otro se quedó en silencio con la mirada perdida.

 Con semejante jaleo, se presentó el jefe de comedor y preguntó qué ocurría. Le explicamos lo de los mendigos y respondió:

 -Bien, señores. Pues yo no veo a nadie. Sólo nieve y oscuridad. Miramos y comprobamos que los hombres habían desaparecido.

 El maître añadió:

 -Bueno, señores...ejem... ejem. Me tomo la libertad de pedirles que moderen el consumo de alcohol. A veces, la euforia que produce puede hacernos ver cosas extrañas. Les sugiero servirles un buen café e indicarles dónde están sus habitaciones- concluyó.

 Tomamos el café y, ya más calmados, hablamos de lo ocurrido; casi pensamos que quizás habíamos sido víctimas de una alucinación.

 -No hay ninguna alucinación-dijo Pepe Smith-Yo contraté a esos dos mendigos y les entregué dos billetes de autobús para que volviesen esta noche a la ciudad. Por supuesto, también el trayecto hasta aquí corrió de mi cuenta.

 -Pero Pepe-respondí yo-¿No crees que fue cruel el trato que les propusiste?

 -No tanto, amigo. Ellos han cobrado según lo convenido, y no han sido engañados. Y nosotros hemos disfrutado.

 -¿Disfrutado? ¿Tú dices que hemos disfrutado? Viendo a esa pobre gente pasando hambre y frío...

 -Ya he dicho que les he pagado. Con lo que han cobrado podrán comer bien cuando lleguen a Granada. Naturalmente, han pasado hambre y frío durante su breve visita aquí. Pero era lo pactado. Yo les exigí que viniesen en ayunas y con poca ropa de abrigo. Así su malestar sería real, no comedia.

 -En cuanto a lo del goce que te mencioné antes, es algo que proviene de mi infancia. Nuestra casa en la India tenía un jardín que quedaba separado de la calle por una alta verja, a través de la cual yo miraba el mundo exterior, sentado sobre la hierba mientras me comía un enorme emparedado, un bocadillo como vosotros decís, y veía cómo un numeroso grupo de harapientos se aproximaba para pedirme algo. No olvidaré sus negros miradas con aquellos rostros morenos y los andrajos que vestían. Mi madre me decía que me comiese todo lo que ella me diera porque mucha gente no tenía qué llevarse a la boca. Viéndolo con mis propios ojos devoraba con fruición lo que mamá me proporcionaba.

 -Además, algunas veces arrojaba a través de la verja unas porciones de mi sandwich y observaba cómo los chiquillos se los disputaban entre gritos. Así comencé a sentir el extraño placer de verme como un ser superior ante aquellas personas que, por otra parte, no envidiaban nuestra confortable situación porque en su religión el "karma" dispone lo que cada uno merece en esta vida. De modo que probablemente en otra reencarnación podrían vivir en mejores condiciones.

 -Ésta es una excelente ideología¿sabes? Así se evitan graves conflictos sociales y los más pobres pueden ser explotados dentro de la ortodoxia de su religión. Gracias a ello, los británicos, discretamente, eran conscientes de su superioridad racial y cultural sobre los indios.

 Tras este discurso nos fuimos a dormir, y al día siguiente regresamos a la ciudad de la Alhambra. Nos quedamos con un extraño sabor de boca y no volvimos a reunirnos con Pepe Smith.

 Años después supe que Joseph había sufrido un accidente causado por la nieve y el hielo en una carretera secundaria mientras se desplazaba a Navarra. Unos campesinos lo hallaron días después, congelado en su coche. El forense descubrió que tenía el estómago vacío.

Había muerto por frío y por inanición.

Macabro humor el del "karma". Ya lo creo.


sábado, 3 de julio de 2010

REALIDADES


Me desperté en mitad de la noche sin saber qué extraña angustia estrangulaba mi sueño.
 A través de la ventana podían divisarse extrañas siluetas antropomorfas, que, sin embargo, me parecían muy familiares.

 Corrí hacia la puerta principal de la casa y me dispuse a salir, a huir más bien. Fuera, en medio de ninguna parte, el viento me llamó y me forzó a aproximarme a aquellas figuras que parecían tener vida propia. Emitían voces, era mi propia voz que lloraba, reía, gritaba palabras ininteligibles.

 Me acerqué a aquella concentración tanto como pude y me vi a mí mismo en distintos momentos de mi vida.

 Uno me habló del amor que fue del viento y nunca mío; otro me nombró el amor que me perteneció y que dejé marchar en los albores del invierno; otro quiso hablarme de todo lo que hice y que motivó mi arrepentimiento; otros aludieron a aquello que no hice y causó en mí mayor pesadumbre que lo anterior.

 Finalmente, todos me miraron con furia y compasión y me reprocharon: "Sigue soñando, sigue autocompadeciéndote, continúa luchando contra las fuerzas que yugulan tus más nobles anhelos. El mundo es como es, y no puedes variar el curso de los acontecimientos. Regresa a tu lecho y duerme, mas no olvides la tierra bajo la que tus huesos han de descansar."

 Les di la espalda bruscamente y aceleré el paso de regreso a mi hogar.
 No sabía yo si deshacerme en lágrimas o respirar serenamente el aire fresco de aquellos campos de vida y muerte.

 El caso es que, a ciegas, logré cruzar la entrada principal de mi hogar y acostarme pensativo sin excesivo agotamiento.
No podía ver nada, ni siquiera la imagen ficticia de mi cuerpo en un espejo de mi alma.

 Transcurrieron horas, días, semanas... estaba muerto en vida y yo lo sentía por los raros latidos de mi corazón.

 Una mañana cálida y luminosa desperté, o eso creí. Volví a asomarme por la ventana y sólo vi flores enormes, gigantescas, destellos solares estridentes y una nube entre clara y oscura que avanzaba desde el horizonte.
 Agaché la cabeza, bajé las persianas y corrí las cortinas. Percibí un calor insoportable, tristemente sucedido por una gelidez inquietante. Deseaba dormir para no despertar. Hablé conmigo mismo. Lo comprendí. Lo reconocí.

 Siempre fui quien fui y aunque cambié, nunca renuncié a ser la luz y la sombra de mi propio proyecto. Sé que me muevo y algo de mí permanece, algo nuevo brota y encuentro mi esencia a medida que recorro el camino.

 Todo es andar, nunca terminamos de aprender. Estamos inacabados pero sabemos que merece la pena tener identidad. Únicos, irrepetibles, iguales y diferentes,materia viva o inerte, átomos eternamente.

 Sigo arropado por mis sábanas, no quiero volver a escapar.
 Aquí estoy, esperanzado y frustrado, consciente de que soy, consciente de que pienso.
 Alguien me recordará cuando me haya ido, y si no, lo innegable es que habré pasado por algún mundo.

 La mente no es tangible, pero es real.
 Fabrica fantasías, las cuales, tarde o temprano, admiten lo que son: realidades.

 Sí. Realidades.

domingo, 13 de junio de 2010

FÚTBOL: GLORIA Y CASTIGO




Para aquel tipo el fútbol lo era todo. Bueno, casi todo.

 Había alcanzado un puesto importante en una empresa por su capacidad y dedicación, pero su vida "espiritual", su "religión" era el fútbol. Más concretamente su amado equipo local.

Tras varios años como seguidor, forofo empedernido, formó parte de la directiva del club cuyos colores amaba como un patriota ama los colores de su bandera. Lucía un anillo con el emblema del equipo e incluso llevaba alguna camiseta durante el verano con las barras como las del uniforme de los jugadores.

 Había logrado el puesto de gerente de la compañía donde prestaba sus servicios después de largos años de duro trabajo y afortunadas acciones que le proporcionaban unas ganancias considerables y un estatus social alto.

 No obstante, algo faltaba en su vida, algo que llenase su alma con un ideal noble en el que volcar sus esfuerzos. ¿Y qué ideal más sublime que luchar por su equipo de fútbol? Así pensaba aquel hombre, mejor dicho, soñaba con una gloria que en aquel momento parecía inalcanzable.

 Era la suya una pequeña ciudad con un también pequeño equipo de fútbol, pero todos los habitantes de la localidad aspiraban al ascenso que, siendo uno modesto de tercera división, alcanzó la segunda. La fuerza de sus jugadores, la buena dirección y el entusiasmo de la hinchada aspiraban con ardor a la primera división.

Mas había un inconveniente: la necesidad de fichar uno o varios jugadores de categoría para conseguir un equipo competitivo que escalase un puesto prominente. No había dinero para tan ambicioso proyecto. Nuestro hombre, miembro de la directiva, propuso un plan de fichajes que les daría la meta soñada. Cuando le preguntaron cómo conseguirían los fondos necesarios, él respondió que eso era cosa suya. Como sabían el importante puesto que ocupaba en su empresa, dieron por supuesto que pondría dinero de su bolsillo. Esta actitud le valió para que fuese nombrado con entusiasmo Presidente del Club X F.C.

 Efectivamente, el Presidente invirtió todos sus ahorros, fruto de largos años de trabajo, en el fichaje de un nuevo jugador. Pero no fue suficiente. Su nueva posición en el equipo le llenaba de orgullo y le inspiraba un gran sentido de responsabilidad. Pero, ¿cómo demostrar su grandeza si no podía pagar nuevos jugadores?
 ¿ Cuánto dinero se necesitaba? Él había gastado todo cuanto tenía, ¿cómo conseguir más?
 Durante muchos días el problema le arrebató el sueño. Pensaba en la cama acerca del asunto y éste le impedía concentrarse en su trabajo.

 Al fin, creyó haber encontrado la solución. Vendería parte de la mercancía que se almacenaba en su empresa y más tarde lo compensaría con los beneficios que esperaba lograse el club. Nadie se enteraría porque gozaba de poder absoluto en la compañía y no daría lugar a una inspección o una auditoría.

 Pasó el tiempo y el Club X F.C. consiguió los fichajes apetecidos, lo cual colocó en la órbita de los ganadores al equipo, a la ciudad, y, sobre todo, a nuestro Presidente.
 Éste rebosaba de satisfacción.

 Llegado el día triunfal, el Club X F.C. ganó el partido que le subiría a primera división. El clamor del público en el estadio era indescriptible. La masa de hinchas se llegó hasta el palco presidencial y tomando al Presidente en hombros lo paseó por el césped del campo una y otra vez, mientras los gritos de la muchedumbre se mezclaban con la música de los altavoces. El Presidente creyó vivir en un sueño de gloria, una gloria inenarrable que premiaba sus esfuerzos.

 Amainado el jolgorio popular, la directiva propuso celebrar el evento en un restaurante de la localidad. Fueron saliendo del estadio y, ya en la calle, alguien llamó al Presidente. Ésta se acercó a quien le requería y comunicó a sus compañeros que le esperasen en el local donde tendría lugar la fiesta, que iría después.

 No llegó al restaurante ni nunca volvió a ver a sus amigos. El que lo esperaba en la salida era un inspector de policía acompañado por dos agentes, que le mostró una orden de detención por desfalco en la empresa en la que trabajaba. Fue juzgado y condenado a varios años de cárcel.

 Nadie acudió a visitarlo durante ese tiempo, excepto su hijo--que le mostró su desprecio--y su mujer, quien poco después se separó de él, refugiándose en una finca rústica propiedad de sus hermanos. Sus antiguos amigos le dieron la espalda; unos lo consideraban un bribón y otros lo tomaban por un imbécil.

 Cuando salió de prisión, vagabundeó por los barrios bajos de Madrid, adonde se había trasladado y donde nadie lo conocía. Allí vivió de las limosnas que podía en las puertas del metro y de la comida que alguna institución benéfica le daba de vez en cuando.

 Una mañana fría de otoño alguien vio un cadáver mutilado en las vías del tren, a la salida de la estación de Atocha. La policía halló en las ropas del muerto su documentación y fue enterrado en una fosa común.

 Nadie reclamó su cuerpo.

sábado, 17 de abril de 2010

CUBA(y II)



Después de lo dicho anteriormente debo manifestar que no soy socialista ni comunista ni nada por el estilo.

 Solamente soy un católico que busca la verdad y la justicia. Algunas veces sucede que en su búsqueda te encuentras esas virtudes donde menos lo esperas, pero lo correcto es reconocerlas y respetar a quienes las ejercen sin menoscabo de que surja la crítica cuando sea necesario.

 Las acusaciones de que no se han respetado los derechos humanos en Cuba habría que examinarlas con lupa. Estos supuestos disidentes políticos fueron juzgados públicamente y la documentación está disponible para aquellos que deseen estudiar cada caso. No soy tan ingenuo como para no creer que desde 1959 no se haya cometido alguna injusticia, pero que nadie tire la primera piedra, pues el Gorila del Norte nos ha dado muestras en más de una ocasión de barbaridades estremecedoras.
 Bastantes ciudadanos estadounidenses han acusado a sus propios gobiernos y me remito, por ejemplo, a uno de los documentales del cineasta Michael Moore.

 Por otra parte, España debería mirar a Cuba como a alguien de la familia, entrañable familiar al que nunca debemos olvidar, pues la población cubana se nutrió de numerosos migrantes españoles que durante el siglo xx encontraron en aquella isla la tierra prometida que anhelaban.

 No nos pongamos en el pelotón de los que tiran piedras a Cuba. Yo no apedrearía a mi hijo o a mi hermano por malos que fuesen. Mejor una política de mano tendida que ese telón de acero que paradójicamente se ha puesto alrededor de la isla, cerrándole la posibilidad de un desarrollo económico al que tiene derecho.

¿Acaso los EEUU negaron la venta de trigo a la URSS cuando esta última sufrió un año de pésima cosecha?

 Reino Unido es un país cuyos políticos han mostrado siempre un cuidado exquisito con las naciones que formaron su Imperio y que ahora se llaman de la Commonwealth.
 Por cierto, fue Simón Bolívar quien les dio la idea cuando propuso la creación de una comunidad de naciones de cultura hispánica encabezadas por España. El Libertador de América tenía una aguda visión política.

 España, como de costumbre, se encogió de hombros.

lunes, 12 de abril de 2010

CUBA(I)


Resultan ya aburridos oír tantos ladridos contra Cuba.

 Ese pequeño país ha estado siendo acosado desde el año 1959 como pocos lo hayan sido .
 En plena guerra fría en Europa y América , de vez en cuando, se criticaba en la prensa al régimen socialista soviético y satélites, pero nadie se hubiera atrevido a decirle a ningún dirigente soviético lo que tenía que hacer respecto a las cosa concernientes a sus asuntos internos.

 Todos los países del mundo comerciaban con las repúblicas soviéticas y esto era beneficioso para unos y otros. Incluso hubo casos curiosos, como la ayuda que EEUU proporcionaba a Polonia, a pesar de su pertenencia al bloque soviético.

 También colaboró USA en el incremento de la informática en la URSS y algún presidente estadounidense quería participación rusa con la astronáutica norteamericana.

 Anécdota llamativa fue el desafortunado comentario del presidente Reagan cuando calificó a la URSS como el "Reino del Mal". Hasta los obispos católicos estadounidenses protestaron por tal aseveración .

 Me viene a la mente el interesante asunto del estado indio de Kerala, que se anticipó en dos años a Cuba en la instauración de un gobierno socialista. En Kerala, situado al sudoeste de la Península Indostánica , el pueblo votó mayoritariamente en 1957 por el comunismo, mejor dicho, el socialismo. Y no me dirán que no hay democracia en la India. Por toda la información que he recogido, veo con asombro los progresos sociales que ha conseguido la población de aquel estado. Partiendo de la base de atraso y miseria características de la India, Kerala ha llegado a una alfabetización casi total(90% de la población), notable aumento de la educación , de la sanidad y de la vivienda.
 Sus habitantes gozan de libertad religiosa(hindúes, musulmanes y, en ocasiones, cristianos) y ¡asombrémonos! desde 1957 se han alternado con gobiernos no socialistas, como un "coscorrón", cuando el anterior no servía al pueblo como éste esperaba. Así que nuevas promesas y nuevos logros para los keralitas.

 Esto parece como un cuento pero es rigurosamente cierto. Pero volvamos al asunto de Cuba.

 Si Kerala es respetada, si nadie se atreve a darle una patada a Corea del Norte, si nadie lo hace con Vietnam o con China Popular, si nadie lo hizo con la URSS ¿a qué viene ese ensañamiento con la República de Cuba?

 Es éste un pequeño país de 11 millones de habitantes que no supone amenaza para el vecindario, pero que se atrevió a plantarle cara al Goliat del Norte. Los EEUU perdieron la posibilidad de explotar a la isla , agarrándola por el cuello , y no se lo perdonan .

 Hay mucha información oral y escrita sobre Cuba. Un amigo mío emigrado de la mayor de las Antillas me dijo que se había marchado por la escasez-que no la miseria-que los cubanos sufrían/sufren a causa del bloqueo estadounidense .
 Se sentía orgulloso del enorme progreso de sus compatriotas y no me manifestó jamás una crítica contra su gobierno , que pese a todas las trabas impuestas desde el exterior no había/ha dejado de mejorar la vida de sus ciudadanos.

 Mañana seguiré hablando de Cuba, si me lo permiten.

viernes, 9 de abril de 2010

LA JUSTICIA DEL AJEDREZ


Aquel pueblo estaba situado en una rica comarca donde abundaban los olivos, se cultivaban cereales y se criaba ganado vacuno, ovino y caprino.

 Regado por un pequeño río y abundante en lluvias durante la primavera y el otoño, había agua abundante. También contaba con un molino de aceite, una factoría envasadora y una fábrica de quesos.

 Un pueblo próspero como aquél parecería que producía bienestar a sus habitantes, pero lo cierto es que el nivel de vida de sus gentes era inferior al de otros pueblos cercanos.
 La razón era que no abundaban los pequeños propietarios agrícolas, salvo algunos hortelanos a las orillas del río y algunos modestos ganaderos. El grueso de las tierras y las tres industrias tenían un solo dueño: Don José Cerdán, barón de Las Varas.

 Él se sentía benefactor de aquellos que trabajaban para sus posesiones, aunque los sueldos y jornales con que pagaba eran bastante más bajos que lo habitual en la región. Justificaba esta tacañería diciendo que la estabilidad laboral con la que contaban sus empleados constituía una nada despreciable ventaja respecto a lo de otros lugares.

 El señor Cerdán era descendiente de un tratante de ganado que en el siglo XIX, y aprovechando la desamortización de Mendizábal, compró unas tierras que habían pertenecido a una Orden religiosa. Con la proliferación de mano de obra barata y la feracidad de aquellas tierras, su bisabuelo se enriqueció rápidamente y amplió sus posesiones.

 Siendo ya suficientemente rico compró un título nobiliario que le confería la categoría social de la que se consideraba merecedor. Aunque el señor Cerdán era lo que hoy se llamaría un analfabeto funcional, él se consideraba muy por encima de los sabiondos, como él mismo decía, "que si eran tan sabios no lo eran tanto porque no habían logrado ser ricos." No obstante, y para mostrar su elevado nivel intelectual presidía la peña cultural y la peña ajedrecista del pueblo.
 Era esta última un curioso legado de dos militares rusos, los cuales para asesorar al ejército republicano durante la guerra civil habían permanecido allí unos meses, cuando el pueblo estuvo ocupado por las tropas. En sus horas libres los dos militares soviéticos jugaban al ajedrez y contagiaron su afición a los lugareños, quienes después formaron un grupo numeroso de jugadores y éstos llegaron a competir con ajedrecistas de la capital y otras ciudades de la región.

 Nicolás trabajaba en el Ayuntamiento. En su calidad de funcionario veía entrar y salir numerosa veces al señor Cerdán , muchas veces acompañado del alcalde, quien era un gran amigo suyo.
 Entre las amistades del terrateniente también se contaban el médico, el farmacéutico, el veterinario, el director del banco y otros.

 Sucedió que Nicolás se encontró un día con Marcela, prima segunda a la que veía poco pero a la que apreciaba y respetaba mucho. Era una joven que había enviudado recientemente y quedó con dos hijos pequeños, por lo que solicitó y logró trabajar en una de las industrias del señor Cerdán.
 Se daba la circunstancia de que don José miraba a las féminas que trabajaban para él como posibles trofeos para sus apetencias carnales y se arrogaba el derecho de acosarlas con la finalidad de lograr su objetivo. Una especie de derecho de pernada pese a estar en el siglo XX. Nadie sabía a ciencia cierta cuántas víctimas habría podido conseguir.

 Pero Marcela había sido una de ellas . Así se lo dijo entre lágrimas a su primo, con la circunstancia agravante de haberse quedado embarazada.
 Ella le dijo vehementemente que la forzó en la bodega del molino aceitero y que el guarda jurado había sido testigo de ello. Posteriormente el guarda le hizo saber que no declararía en contra de su amo. No quería perder su puesto de trabajo.

 Nicolás escuchó todo esto mientras apretaba los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos. -Te prometo, Marcela, que esto no ha de quedar así. Hay que hacer justicia como sea.- Le dijo mientras secaba el jugo de los ojos de la muchacha.
 Él sabía que sería inútil presentar una denuncia. Casos anteriores habían permanecido en el olvido. Las influencias del señor Cerdán le garantizaban la impunidad de sus fechorías. Nicolás no se arredró ante ello.

Logró hablar con Cerdán y obtuvo de él una carcajada por respuesta. -Dile a esa zorra que no va a sacarme nada. Si necesita dinero que putee por ahí.
                                                                                                                                                                                                       Después de esto, Nicolás habló con varias personas importantes del pueblo. Su posición de funcionario en la Corporación municipal le daba acceso a mucha gente. Mas fue inútil. Nadie se sorprendido por lo sucedido. Era un episodio más de las hazañas del barón de Las Varas.

 Pero Nicolás se llegó a ver al cura. Éste le prometió hablar con el señor Cerdán. El párroco consiguió que el terrateniente accediese a tener una mutua entrevista con Nicolás, pero exigía que estuviera presente el director del banco local, donde tenía las cuentas de sus negocios.
 Sabía que se le pediría alguna compensación económica y quería el asesoramiento del banquero.

 Se reunieron en una sala del casino en la que a veces se celebraban los campeonatos de ajedrez. En aquel ambiente tenso el señor Cerdán se mantenía sereno en un sillón, mientras fumaba un habano. Estuvieron largo rato discutiendo acerca de qué forma podría resolverse el asunto de Marcela. Al fin y al cabo, no quería quedar mal con el cura, quien era amigo del obispo.

 -Señor Cerdán-dijo Nicolás.- Llevamos tanto tiempo hablando y no llegamos a ninguna conclusión. Se me ha ocurrido una solución sencilla, ya que usted es un gran aficionado al ajedrez.

 Don José Cerdán era un pésimo jugador y si ganaba alguna vez era porque su antagonista se dejaba ganar para complacer al señor del pueblo. Halagado por las palabras de Nicolás asintió a su propuesta y le dijo que explicase su plan.

 -Verá, don José-dijo tomando un tablero en sus manos . Vemos aquí los 64 escaques de los que consta el tablero...

 -¿Qué son escaques?-preguntó un Cerdán ceñudo.

 -Los cuadrados del ajedrez donde se colocan las fichas-respondió Nicolás.

 Creo que si pusiese un céntimo en el primer cuadrado, dos en el segundo, cuatro en el tercero, y así sucesivamente, al llegar al treinta y uno habría pagado suficientemente para compensar a esa muchacha. Digo treinta y uno porque son los días del mes próximo, que empiea mañana. Así cada día el señor director del banco haría un ingreso a Marcela en la caja de ahorros.

 -¡Ja,ja, ja, ja...!- rió el señor Cerdán.-¿Quieres que regale un saco de calderilla a esa pelandusca?¿Quieres quedar bien conmigo haciéndome esa miserable petición? Seguro que esperas que te premie con algún favor. Está bien, si te consuela lo que has pedido, sea.

 Llegados a ese acuerdo Nicolás entregó al director el dibujo de un tablero para que el banquero, mediante el cálculo que había propuesto, fuese haciendo transferencias diarias a la cuenta de Marcela. Transcurrieron los días y el 31 el director de la entidad llamó a don José.

 -Señor Cerdán, le llamo porque su cuenta va a quedar sin saldo. Sería conveniente que ingresara algo.

 -¿Que mi cuenta está a casi cero? ¿Qué broma es ésta?-bramó. Ahora mismo voy para allá con mi administrador, y pobre de usted si ha metido la pata.

 Don José Cerdán, hecho una furia, y su contable entraron en el despacho del director.

 ¿Qué has hecho, director? ¿Dónde está mi dinero?

 -Verá, señor Cerdán. He hecho lo que usted me ordenó. Me lo dio por escrito cuando terminamos la reunión en el casino. Los ingresos a esa muchacha se han calculado correctamente. Su contable puede verificarlo. Al día de hoy se le han pagado más de dos mil millones de céntimos. O sea, 21.453.864 pesetas y 89 cts.

 -¡¿Quéee?!- chilló el señor Cerdán. -Esto es una estafa, un robo! ¿Quién me ha robado?

 -Nadie le ha robado-respondió el director.-Las cuentas han sido bien hechas. Aquí hay una calculadora. Que lo compruebe el contable.

 Comprobado por el administrador, éste asintió con la cabeza al cabo de un rato. El señor Cerdán, hundido en una butaca, gemía con la respiración entrecortada. Hubo que llamar al médico.

 Por consejo de Nicolás, Marcela se mudó a la capital. Allí pudo vivir holgadamente con sus tres hijos, pues ella, a causa de sus convicciones religiosas, no quiso abortar el tercero, el engendrado a la fuerza por Cerdán, barón de Las Varas.

 Un año después, hallaron el cadáver del aristócrata en su coto de caza. Había recibido un disparo en la cabeza. La Guardia Civil y el galeno determinaron que se trataba de un suicidio.

 El caso quedó archivado.

miércoles, 7 de abril de 2010

UNA DECIMONÓNICA CRÍTICA ANTITAURINA


Viene de antiguo que se critique a las corridas de toros .

 Ya desde la Edad Media hubo voces que se alzaron en contra de tal festejo, llegando hasta Lope de Vega y la misma Iglesia Católica.

 Pero seguramente el país que de forma más furibunda acometió su oposición contra las corridas fue Inglaterra. He aquí la conversación que dos personas mantuvieron un día allá por 1870 en un lugar de Norteamérica , no muy lejos del territorio de Tejas.

 John y George terminaron su jornada de trabajo mientras fumaban una pipa al calor de una pequeña hoguera.

 -Bueno, George. Ya está anocheciendo. Por hoy hemos tenido bastante.

 -Sí, John. Dura tarea la nuestra, menos mal que seremos bien pagados. Pero echo de menos algo de lectura. Hace semanas que no leo un periódico.

 -Vosotros los ingleses siempre tan intelectuales-dijo John.

-Sois capaces de pasaros horas con un periódico y una taza de té.

 -Ahora preferiría un trago de whisky-replicó George.

 -Ya lo tomaremos pasado mañana cuando entreguemos la mercancía. Por cierto, y hablando de lectura, el otro día leí un artículo de un periodista que estuvo en México y presenció una corrida de toros. Algo horrible.

 -Lo supongo-respondió George.-También yo presencié una en el norte de España, en uno de los descansos de los transportes que hacíamos desde Southampton.

 -Decía el periodista que clavaban unos palos en el lomo del toro y allí permanecían mientras la sangre le goteaba-dijo John.

 -Se llaman "banderillas"-aclaró George.

 -También un hombre a caballo atacaba al toro con una lanza que tenía un tope después de la punta para que la lanza no atravesara al toro y así prolongar su sufrimiento.

 -Eso es una "pica" y el jinete un "picador"-añadió George.

 -Pareces muy versado, George. ¿Es que llegó a gustarte el espectáculo?

 No exactamente-respondió George.-Pero no he de negar que al principio me fascinó. Sobre todo cuando un toro volteó a un torero y luego se ensañó con él, acribillándole a cornadas. Creo que el tipo murió. Pero lo más horrible vino cuando después de clavarle la espada remataron al animal con un puñal en la nuca. Creo que se llama "puntilla".

 -Estos españoles son unos bárbaros -añadió John.-Además, decía el periodista que los toreros eran mestizos, lo cual daba un tono aún más siniestro a la corrida.¿Te imaginas?

 -Lo comprendo-respondió George.- Los españoles son inmorales. Se casan con indias, sin ninguna clase de escrúpulos, porque dicen que siendo cristianas son consideradas personas como los blancos.

 John se quedó un rato pensativo mientras daba largas chupadas a su pipa. Luego comentó:

 -Mira, George. Después de esto, me doy cuenta de lo humanos que somos nosotros. Matamos, pero lo hacemos rápidamente. No dejamos que queden agonizando.

 -Así es, John. Un disparo bien hecho ahorra sufrimientos inútiles.

 -¡Eh George! Fíjate, aquél parece que se mueve-dijo señalando al cuerpo de un hombre unos metros delante. -Ese maldito indio... debimos comprobar que estaba bien muerto. Dale con la culata de tu rifle.

 John se levantó lentamente y golpeó la cabeza del moribundo hasta que cesaron sus estertores.

 -¿Lo ves?-dijo George. Siete indios cazados con una muerte rápida no es precisamente como esas brutales corridas de toros.

 -Sí, pero no sé si todo el mundo aprecia nuestro trabajo-dijo John.- Ser cazador de indios parece algo duro.

 -Mira, amigo-respondió George.- Nosotros somos los que verdaderamente traemos la civilización a América.
 Desde vuestra independencia, los indios de los estados fundadores fueron exterminados. Nos queda la gran empresa de acabar con esos sucios indios en los territorios con los que se han ampliado los Estados Unidos .

 No basta con aniquilar los búfalos de las praderas para privar de alimento a los indígenas. Los que queden hay que buscarlos y matarlos. Ésa es nuestra gran misión pacificadora.

 -¡Qué bien hablas, George!- Y quedó tendido en la hierba fumando su pipa mientras se quedaba dormido.